31 mar 2013

La problemática de la capilla sixtina.

Buonarroti salió de su taberna favorita, aun angustiado.
La problemática de la dichosa capilla le consumía.
Ya no encontraba consuelo en los sinceros borrachos de aquel antro, tampoco en los mendigos iluminados de las malas calles de aquella ciudad.
Los parroquianos se le aparecían ahora como la personificación del sinsentido, de la desesperación y evasión inutil.
Los mendigos se habían vuelto viejos conocidos, y con ello habían perdido de lo circumstancial y casual que su inspiración requería.
Si quisiese un viejo conocido corrompido por el sinsentido o la desesperación Miguel Ángel solo habría tenido que mirarse al espejo en el momento justo del día. Él bien lo sabía.

Caminó entre las callejuelas hacía la parte baja de la ciudad, viendo como la luz rebotaba en los adoquines del cámino, medio destruidos por la humedad. ¿Donde quedaba la grandeza del sol en aquellos instantes? Se sentía sumido en un noche demasiado larga, ¿Como manejarse en la grandiosidad del mundo si no se es capaz de verlo en su totalidad? ¿Qué espera en esas sombras traicioneras? Quizá maravillas, quizás pesadillas, pero sumidas en la oscuridad nadie sabrá de ellas.  Así se sentía nuestro pobre hombre, incapaz de sacar de las sombras aquella materia; de hecho, quizás eran imaginaciones suyas; pero podría haber jurado como pequeños lianas de oscuridad se deslizaban por su cuerpo cuando se descuidaba, dispuestas a arrastrarle a él también.

Acabó dando con sus huesos en el viejo burdel. Como siempre le recibieron con los brazos abiertos, incluso algunas con las piernas abiertaspor igual, pero el joven no estaba hoy aquí para ellas. Nada podía ya ver en aquellas anatomías grotescas en el juego de luces y sombras, no encontraría la chispa que buscaba en esas pieles extranjeras, maltradas, amadas, vendidas o regaladas.
Subió al techo del edificio y dejó su cuerpo apoyado en el borde. Con la cabeza suspendida en el vacío. Aquel vacío que en ocasiones amenzaba con devorarlo. Y allá arriba las estrellas mirándolo. Y en un rincón la luna, observándolo.

Un ruido en un instante. Una niña apareció por una obertura, llevaba un manta entre sus pequeños brazos. Él miró una vez y sin darle mayor importancia devolvió sus ojos a la negra inmensidad. La chiquilla se acercó despació y con cuidado le rodeó con la espesa manta de lana. "No vaya a resfriarse, Maestro" le dijo, solamente. Él, sorprendido por el apelativo, se incorporó y la volvió a mirar. Hubo algo en sus ojos, supo que la niñez no era algo que llevase en su cuerpo, no tan lejano en edad del suyo propio. No, ni tan si quiera era algo en su forma de actuar. Estaba escondido en el fondo de la oscuridad de sus ojos . Un leve resplandor.
La muchacha le dió un beso en la mejilla, un contacto leve y reservado. Y marchó ligera y presta.

Buonarroti miró al cielo.
Una extraña paz le invadió. Supuso que sería momentanea, pero no le importó, porque tenía aquel instante. Y, pensándolo bien, la luna era una amante constante, a pesar del que el sol la ocultase con su fulgor. La luna seguía detrás con su tímido resplandor; esperando la noche para sentirse reina y darse al mundo. Quien sabía si al final su fina luz acabaría por iluminar las sombras actuales.

Cuando el sol empezó a despuntar por el horizonte
                                    Buonarroti, 
marchó a su estudio.           

Ausencias

Un muchacho me mira.
Siento sus ojos recorrer mi piel, inflamada bajo su toque invisble,
recuerdos de momentos anteriores,
futuros en breve presentes que se encuentran en mis párpados entrecerrados.

Mi piel se eriza, mi mente se colapsa,
Él sigue a un metro de mí.

Un muchacho me mira.
Siento sus ojos a kilometros de aquí, ausentes en el vértigo de su mente,
ensoñaciones fluctuantes de sentimientos puros,
viendo el mundo en su complejidad absoluta, inmensidad que pretende absorber un alma.

Un cigarro se enciende, la luz parpadea,
Él sigue a un metro de mí.



21 mar 2013

El instante.

Un paso al frente y ella sube a la tarima.

Siente el vacío en sus pies, entre palé y palé. Baja la cabeza, demasiado nerviosa para levantar la mirada, demasiado orgullosa para reconocerlo.
Pero ahí estaban, las puntas de sus dedos,
 temblando ligeramente.

Mirando la escena tres personas en un sofá. A sus lados otras dos. Tres y tres en simetría.
Aprieta los puños y empieza la música.

Los músculos se relajan, la mirada se pierde y pequeñas corrientes eléctricas recorren el cuerpo entre movimiento y movimiento.

          Inspiración. 
    Ella levanta la cabeza con la certeza de estar en otro mundo, en su esfera, en su ambiente.

          Un espía.
    Dos miradas que se cruzan, sabiéndose conscientes de estar en el mismo plano, onda y lugar.

 La intimidad hecha instante aun con la distancia entre los dos. Oscurecer la estancia, en los bordes de la mirada,
viendo de repente, 
solamente, 
al cómplice intruso.

Frente a frente.

20 mar 2013

Entre la tarima y el sofá.

Intoxicada de tu presencia en tu ausencia
No hay claridad
Con el fantasma de tus besos jugando en mi labio inferior.
Sin la corriente de tus manos en mi espalda.

Roces, presiones, ahora son aire.
Y aun así...

Sombras de lenguas en ojos cerrados,
ojos cerrados perdidos en ojos que miran,
atravesados.

Y un suspiro que se aleja de mi boca,
aunque el resto del recuerdo se quede, aun, conmigo.

14 mar 2013

Entre el sol y la lluvia.


Ella miró por la ventana.
 
     Él también lo hizo. 
 Los dos se imaginaron.
















               Y así pasaban el tiempo.
                 El uno con (sin) el otro.

Seda.

"- Es un dolor extraño.
  En voz baja.
  - Morir de nostalgia por algo que no vivirás nunca.
  Recorrieron el parque caminando uno junto a otro. Lo único que Baldabiou dijo, fue
  - Pero ¿por qué diablos hace este maldito frío?
  Dijo, una vez."

Por un eterno despertar incompleto.

Estaba sentada en la mesa mirando al infinito, cuando una persona, ciertamente de forma molesta le sacó de su ensimismamiento.
- Aun no puedes quedarte dormida! - le dijo con una sonrisa a mitad camino entre quien intenta ser gracioso y quien es un pedante.

Ella hizo caso omiso. Demasiado cansada para si quiera hacerle caso, mucho menos contestar.
  Cerró los ojos.
Vio la luz desaparecer tras sus parpados, poco a poco y luego de repente.
Vió después por una pequeña rendija como en sus pestañas se reflejaban pequeñas gotas de luz.
  Cerró los ojos.
Y vió la oscuridad.
Y en la escuridad estaba todo.
Tocó asteróides, sentía la lluvía.
Observó pasear figuras en la calle mientras tomaba el café de la mañana,
dió las buenas noches a su perro.
  Le vió a Él.
Se volvió luz.

Abrió los ojos y la electricidad de las lámparas flourescentes le hirió las pupilas. Sintió las puntas de los dedos entumecidas y las piernas dormidas sobre la silla. Suavemente tiró los hombros hacia atrás, estiró el cuello y entornó los ojos. Enfocando la realidad del techo desconchado.
Algunos no lo entendían;
  Ella no necesitaba dormir, Ella necesitaba soñar.








10 mar 2013

Aventuras desventuradas en clave amable.

Terreno personal, tan fastidioso pararse a mirarlo. Casi da pena, un error tras otro en el ambito amoroso. Parece mentira. Nena, podrían darte un premio y todo.
No es por autocompadecerse, eso esta demasiado manido en ciertas ramas de mi familia, ya sé que no sirve de nada. Todo esto es por dejar las cosas claras, por si algún día me da de verdad por autocompadecerme.

Siempre me digo: "Ay vaya, ese no está mal, uy, pero a ese no lo tendrás nunca, no."
¿Qué pasa a continuación?
PimPamPum
She falls in love.
¿Una tendencia masoquista? Quizás.
Y luego es así como los restos de las flechas de cupido, cuando te da una te deja sangrante, malherido incluso. Tú no puedes olvidarlo.
(Odio a la gente que llama a este proceso olvidarlo. ¡Vamos a ver! ¡A alguien a quien se le rompe un brazo no le pides que lo deje estar y que se olvide! ¿Tú eres tonto o qué? #ComparaciónExagerada Oh, sí.)
Tienes que curarte, y a saber como.
No, amigas mías, lo de un clavo saca otro clavo no es una regla universal.
No, mamá, si trabajo más no me olvido, solo tengo más agujetas.
No, amigos mios, emborracharse tampoco suele funcionar.

Y después de curarte te dices a ti misma, super convencida, delante del espejo: "Esto ya no te vuelve a pasar"
¡JA!
Oye, perdona, ¿Tus padres son hermanos o qué? Eso no hay quien se lo crea.
Y, probablemente, sea verdad que no te lo crees. (Vamos a darnos el beneficio de la duda y asumir que no somos tan tontas, va.) Porque después de todo, a pesar de todo el "dolor", toda esa "melancolia" o esa "mierda" (utiliza aquí palabra que quieras), yo la verdad es que no elegiría no haberlo pasado. Porque, ¿Qué hay de esa felicidad, casi euforia, ese sentimiento de mirarle y perderte en alguna parte de su ser? No quisiera cambiar por nada esos momentos que fueron importantes para mi, no quisiera borrar algo que se llevaría consigo tantos recuerdos y tantas lecciones.
Esas noches discutiendo con el círculo de amistades (O a una mala, con tu gato y un vaso de hisky al anochecer) que hacer contigo y con el señor/engendro/ente en cuestión.
Esas cosas que te empezaron a gustar solo porque a él le gustaban.
Y cuando a prendiste que tenías que defender tus opiniones por encima de las suyas, porque sino no eras tu misma.
Cuando aprendiste que el mundo no se acaba cuando Él se acaba.
...

Llamadme loca, estúpida, masoquista o Nietzsiana. Yo me llamo a mi misma "Libre" Y por eso me siento libre de entregar mi amor a quiensea que quiera, aunque éste no se dé cuenta nunca. Porque ahora soy consciente que hay más de un tipo de amor, y hay algunos que, aunque en sentido estricto no lleguen a vivirse, te enseñan más que algunas relaciones.

Pero, eh, seguiremos arriesgandonos. 
Quien sabe.
A lo mejor un día va, y un imposible, deja de serlo.



5 mar 2013

Cuentos de la Rutina


 Me gusta imaginarte en la rutina,
   así mi cerebro no me reprende
y mi corazón se toma un respiro.

  Son situaciones, normales, cotidianas;
imaginarte en un día lluvioso
  en el refugio de tu hogar,
viendo de reojo el telediario del mediodía
  mientras la comida se enfría en la mesa.
Tú, apoyado en el marco de la puerta,
  con los hombros en diagonal
    y los brazos cruzados.

Una realidad ensimismada,
  sin momentos de pasión, ni deseo;
una realidad simple, y no agitada
  Pero mía y tuya, Al fin.

2 mar 2013

"Ya te lo dije"

Ultimamente estoy muy enganchada a "A dos metros bajo tierra", probablemente esto le haga gracia a cierto profesor aunque a mi madre no tanta.
La cosa es que me hace pensar mucho (¡Oh, no! sobrecarga cerebral cuidado! No me hago responsable de lo próximo que escriban mis dedos), y no se si lo entiendo todo. De repente me siento demasiado niña y os veo a vosotros, los adultos, encerrando vuestros problemas y ocultandolos.
Veo como somos ajenos a los demas, como con ojos infantiles hacemos desaparecer sus ceños fruncidos y sus lágrimas de nuestras vidas. Me pregunto cuantas veces mi madre o mi padre o mi hermano han llorado, han querido pegar un puñetazo de pura frustración o se han sentido desfallecer sin que yo me diese cuenta.
No entiendo como es posible que pase delante de mis ojos y no darme cuenta. Y no sé, pero creo que me aterroriza pensar que dentro de unos años pueda ser mi dolor el que pase desapercibido.
¿De verdad son tan complicadas las cosas cuando te haces mayor?

Me releo y parece que no tenga más de doce o trece años y, maldita sea, pero ya me acerco a la mayoría de edad. Sin duda la vida parece complicada desde aquí, pero pensaba que la experiencia o la rutina acabarían suavizando las cosas.

Madre mía la que nos espera y la que cae allá afuera...

Hay noches como esta en que me siento demasiado mayor y demasiado pequeña. Reconciliarse con esa niña desastrada de hace, yo que se, diez años o así. Esa a la que cuando le decían "Ya te lo dije" para decirle como se caería del columpio y no sobre lo dura que es la vida.
Que sí, que soy una privilegiada, no me tildéis de melodramática si hay alguien leyendo estas letras. Simplemente quería comunicar a (Bueno, supongo que al ordenador) que creo que empiezo a entender verdaderamente que la vida suele ser tirar para adelante sin estar completamente seguros de lo que hacemos (al menos no hasta que hemos visto que lo que hemos hecho ha sido bueno, cosa que suele suceder normalmente al cabo de un par de años del hecho en cuestión.)

Así que, vamos a seguir andando y si nos equivocamos pues mira, que remedio, cruzaremos ese puente cuando llegue el momento.


(Y ahora  dormir y a soñar, que aun hay tiempo)